Instituto
Thomas Jefferson
Queríamos una escuela humana, donde los dueños, la administración y la política del colegio tomaran en cuenta la importancia de sus alumnos y no viera sus actividades únicamente como negocio. Queríamos una escuela que impartiera un nivel académico excelente, que no sólo enseñara conocimientos, sino fomentara el deseo de aprender más, practicara las herramientas de investigación, donde el alumno tuviera el derecho a cuestionar, a tomar decisiones y donde el profesor supiera motivar a sus alumnos para disfrutar el aprendizaje y apreciara el momento de descubrirlo. Queríamos una escuela que enseñara inglés, no sólo gramática y lectura, sino un inglés natural donde los alumnos pudieran aprender el idioma como lengua materna. Sabíamos que el idioma internacional era el inglés y que tenían que dominarlo de manera más profunda que las palabras y la gramática. Queríamos una escuela con una disciplina racional, que permitiera a nuestros hijos ser autodisciplinados y no a obedecer por miedo. Sabíamos que ellos tendrían que autodisciplinarse en su trabajo, en su matrimonio, en su alimentación, en sus relaciones y en todos los actos de su vida. Queríamos una escuela con visión, que no desarrollara sus programas conforme a modelos obsoletos; una escuela con la flexibilidad de cambiar según las realidades de nuestra sociedad. Tuvimos la gran ventaja de que en nuestro matrimonio hubiera una educadora y un experto en el mundo de los negocios y las finanzas. Así, nos dimos a la tarea de preparar un currículo y una filosofía con el fin de crear líderes positivos en el mundo del futuro. Gracias a Ricardo, mi esposo, nuestro colegio cuenta con las instalaciones más avanzadas, tecnología de punta y programas diseñados para ofrecer a nuestros alumnos las habilidades que necesitarán en el mundo real de la competencia global. Queríamos una escuela que desarrollara la autoestima, el respeto y la capacidad de trabajar en equipo. Deseábamos que nuestros hijos aprendieran el concepto de excelencia en todas sus actividades. Fue cuando decidimos crear una escuela según nuestra lista de prioridades; para ello, contratamos directores y profesores con mucha autoconfianza, con deseos de seguir estudiando y con el valor de reconocer que la única constante en el futuro: es el cambio. Mi esposo y yo tuvimos que estar alertas, con una gran visión hacia el futuro, anticipando las necesidades de nuestros alumnos. Creo que muchos padres de familia compartieron nuestras inquietudes, porque el primer año llenamos el colegio. Hoy por hoy, contamos con nuestros campus en Guadalajara y Querétaro, que goza de la misma aceptación y éxito, gracias a esta misma filosofía. Ha sido una aventura llena de retos y grandes satisfacciones y tenemos el privilegio de conocer y trabajar con los mejores profesores y directores en educación en México. Hemos gozado del apoyo y la confianza de nuestros padres de familia, pero sobretodo, hemos gozado y aprendido de los alumnos, quienes a fin de cuentas, son la razón de todo. Aunque nuestros hijos ya son adultos, nuestro compromiso sigue vigente. Estamos seguros que el Instituto Thomas Jefferson seguirá ofreciendo en el futuro, la mejor educación en México. ¡Familia Thomas Jefferson!
|