Educación

Cuando un adolescente exige privacidad

Cuando un adolescente exige privacidad

Vidal Schmill
¿La privacidad de un hijo menor de edad es un derecho o un privilegio? ¿Se debería revisar (tener una supervisión cercana) del celular o las pertenencias de un hijo o hija? Cuando un niño es pequeño, prácticamente no hay separación de sus padres, pero cuando es adolescente, necesita separarse e individualizarse. Sin embargo, el potencial de conductas de riesgo se incrementa durante la adolescencia. ¿Cómo encontrar un equilibrio y actuar con sensatez en un tema tan delicado?
Una duda que frecuentemente puede surgirte como padre o madre de familia, es cuánta privacidad necesitan tus hijos e hijas y te preguntas si estará bien violar dicha privacidad. Para responder adecuadamente a este cuestionamiento, deberás relacionar directamente la responsabilidad, la coherencia y la honestidad que tus hijos muestran con la privacidad que se les permitas tener.
Antes de responderte respecto al nivel de privacidad permitido a tus hijos, vale la pena abordar brevemente el tema de su necesidad de privacidad en las diferentes etapas de su crecimiento.
Cuando un niño o niña es pequeña, prácticamente no hay separación de sus padres. El apego es instintivo y la posterior creación de vínculos afectivos basados en el contacto y la comunicación a lo largo del tiempo, crean la confianza necesaria para que la persona pueda relacionarse con los demás. Pero a medida que el niño se desarrolla y crece, comienza una separación natural y saludable. Tus hijos manifiestan este proceso de separación de diversas maneras: van al baño y cierran la puerta porque quieren privacidad, el pequeño rechaza tu ayuda “para hacerlo él o ella solo” o el adolescente se encierra en su cuarto a oír música. A casi cualquier edad, necesitamos tener un tiempo y un espacio a solas, y los niveles de privacidad y las líneas o fronteras de separación se hacen más claras cuando son adolescentes.
Los adolescentes desean tener una vida propia y justamente la adolescencia es la etapa en la que se deben preparar para ello. Sin embargo, es la edad en las que con más frecuencia pueden presentarse conductas de alto riesgo, y más en un entorno digitalizado que permite un acceso prácticamente ilimitado por parte de cualquier desconocido, o conocido, con malas intenciones que lo incita a tener conductas inapropiadas en línea o incluso pone a su disposición drogas.
Si a lo anterior, agregamos el factor del aislamiento de contacto físico y personal por la cuarentena, debido a la pandemia que estamos padeciendo, y los tiempos incrementados que nuestros hijos pasan frente a sus dispositivos digitales, el cuestionamiento de permitirles o no una total privacidad debe ser un tema que toma mayor relevancia y que hay que poner sobre la mesa.
No voy a utilizar la palabra “espiar”, pues tiene una connotación negativa asociada con una actividad encubierta para realizar algo indebido. Utilizaré el término “revisar” que significa en este contexto, tener una supervisión cercana para saber en qué anda, cómo se expresa y qué piensa, es decir, conocer sus verdaderos intereses y no los que uno puede estar imaginando o fantaseando.
De hecho, es la única manera de realmente conocerlos y no quedarnos con la versión que ellos quieren que nosotros sepamos, construyendo una narrativa para tranquilizarnos, es decir, nos dicen lo que queremos escuchar.
Cuando entras a su habitación para arreglar un poco o ayudarlo a recoger ropa sucia y limpiar, no estamos hablando de “revisión cercana”. El término “supervisión cercana” debe reservarse para cuando los padres comienzan a revisar closets y cajones de sus hijos, a buscar en sus teléfonos, revisar sus mochilas o backpacks, las bolsas de sus pantalones y su baño.
Cuándo no debemos revisar cercanamente.
Si tu adolescente tiene una conducta responsable, respeta horarios, dice la verdad respecto a dónde y con quién está y en general, es confiable y honesto, entonces mantente fuera de su habitación y de sus pertenencias. No lo revises cercanamente. Se ha ganado tu confianza y debes hacérselo saber. Así sabrá que dicha confianza es resultado directo de sus acciones. Esto no significa, que ocasionalmente no te sumerjas en su celular. Revisa fotos, chats (recuerda que no sólo existe What ́s App, también está SnapChat, Instagram, TikTok, Tubo y otras aplicaciones para interactuar).
Cuándo deberíamos revisar estrechamente.
Cuando el “juego” ha cambiado para mal. Si has descubierto algo que lo incrimina o tienes una sospecha real y fundamentada respecto a actividades de alto riesgo para tu hijo o hija, debes revisar a fondo para salir de dudas. Es decir, cuando su seguridad se pone en riesgo.
No lo dudes. Eres quien paga la renta, la hipoteca o compró la casa, eres quien está a cargo. Además eres responsable legal y moralmente de la seguridad y el bienestar de tus hijos e hijas, así que te corresponde.
Si está en riesgo, debes intervenir y para poder hacerlo eficazmente, necesitas verificar y salir de dudas o de cualquier sospecha de conducta antisocial, delictiva o sintomática de algún trastorno de la personalidad, por ejemplo (sin ser un listado completo):

  • Robos, pleitos, acoso escolar (bullying), pandillerismo.
  • Actividad sexual prematura, sexting (envío, recepción y almacenaje de imágenes con contenido sexual, en especial de menores de edad, pues está tipificado como delito)
  • Conductas de riesgo en línea (además del sexting, conductas de acoso en línea, hacking, chantaje cibernético, suplantación de personalidad, robo de datos, fraudes, venta de drogas en línea, etcétera)
  • Consumo de alcohol, tabaco, vape o mariguana. Consumo de cualquier sustancia adictiva.
  • Auto-lesiones, ideaciones suicidas, conducta violenta y oposicionista.

Tienes la responsabilidad de proteger a tus hijos de sí mismos, incluso cuando ellos no quieren esa protección. No se trata de un tema de derechos, sino de responsabilidades y obligaciones.
Si crees que tu hija o hijo está bebiendo alcohol, consumiendo cualquier tipo de droga o participando en cualquier comportamiento riesgoso, mencionado anteriormente o no, tienes la obligación y la responsabilidad de mirar en su habitación y en su celular, que por cierto y por si lo habías olvidado, tú pagas (además de que está a tu nombre por lo que eres el principal responsable de todo su contenido ante las autoridades y el mundo).
Una lata de cerveza o una botella vacía, rastros de mariguana (por ejemplo semillas o “cocos”), píldoras desconocidas para ti, navajas u objetos cortantes escondidos, es razón suficiente para prender tu “radar”, mirar a tu alrededor porque es tu responsabilidad proteger a tus hijos e hijas de sí mismas, y para lograrlo, necesitas conocimiento y certidumbre.
Monitoreo de teléfonos, computadoras y redes sociales.
El principal argumento que los jóvenes esgrimen para impedir que sus padres revisen sus dispositivos digitales es que tienen “derecho a su privacidad”, “a su vida privada”, efectivamente, pero el límite de su privacidad es su seguridad. Y como son menores de edad y legal y económicamente dependen de ti, la seguridad toma la delantera frente a la privacidad.
Desde que le das un celular o una computadora con acceso a internet, debes establecer las reglas y restricciones con toda claridad. Te sugiero que adviertas desde un inicio que es un privilegio, no un derecho y que para conservarlo debe cubrir una serie de requisitos como:

  • No puedes usarlo para lastimar o dañar a nadie más, ni a ti mismo(a).
  • No puedes acceder a sitios con contenido pornográfico, de incitación al odio, al racismo o a cualquier tipo de violencia.
  • No puedes poner información personal sensible, contraseñas, ni fotografías que ostenten u posición social, viajes, ropa, pertenencias o ubicaciones de vacaciones o actividades cotidianas.
  • El tiempo de uso deberá ser acordado de acuerdo con las circunstancias y lugares de uso (colegio, casa, fin de semana, vacaciones, cuarentena, etcétera) y nunca podrás “dormir” con dispositivos en tu cuarto. Se cargarán en la habitación de los adultos. (Si alegan que con la alarma del celular se despiertan, cómprale un reloj despertador tradicional).
  • Podré tener acceso a tu celular y sus contraseñas, así como las de tus redes sociales en cualquier momento.

Sin lo anterior, platicado e incluso firmado por ellos y por ti, no le proporciones ningún dispositivo digital, pues de otra forma sería equivalente a darle un potente automóvil sin que sepa manejar. Es algo impensable ¿verdad? ¿por qué entonces no lo proteges en su navegación por internet?
La frase que puedes utilizar con respecto al uso de dispositivos y en general a su conducta y supuesto derecho a la privacidad es: “No tienes derecho a guardar secretos si es algo que te pone en peligro o pone en peligro a nuestra familia”.
Si descubres algo incriminatorio, seguramente te saldrá con el argumento de “¡no puedo creer que me estuvieras espiando!” para desviar la atención del tema central. No caigas en la trampa: “te dije que iba a revisar tus cosas. Si quieres gritar, ve a gritar a otro lugar, pero lo que importa es que estás consumiendo mariguana y eso es de lo que vamos a hablar. No estoy violando tus derechos, estás violando la seguridad de nuestra casa.”
La privacidad es un privilegio, no un derecho.
Para que tus hijos conserven su privacidad, deberán actuar de forma confiable y honesta (no es garantía que tenga buenas calificaciones, esto no debe ser único criterio a tomar en cuenta). Si pierden el privilegio, deberán saber que es el precio que pagan por actuar de forma deshonesta y poco confiable. Tienen que aprender que en la vida, perder la confianza de alguien es algo muy poderoso. La confianza no es algo que se pueda tomar a la ligera, tanto dentro como fuera del hogar. De ello dependerá su trabajo, su vida de pareja y muchos otros aspectos de su vida en el futuro.
Tienes que tomar medidas para mantener a tus hijos a salvo de lo que está sucediendo en el mundo exterior y de sus propias malas decisiones, especialmente si tienes otros hijos menores conviviendo con él o ella.

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